Transparencia y tiempo libre

Hace unas semanas me sorprendió enormemente que alguien preguntándome por Miúdo dio por sentado el éxito del proyecto (y, por consiguiente, su viabilidad económica). En ese momento, me di cuenta de que teníamos que hablar más de estos temas y además así lo anticipamos cuando iniciamos la campaña de microfinanciación. Así que vamos allá.

Retomo el tema que me causó sorpresa y pregunto: ¿alguien que esté leyendo estas líneas cree que es posible que un equipo de 3 personas pueda trabajar, siendo recompensado económicamente, durante un año en un proyecto que ha ingresado poco más 3.000€? Sin entrar en los detalles, dejadme que responda: no, no es posible. Pero echemos un vistazo a los números, que ésos nunca nos engañan.

En nuestra campaña de microfinanciación, apuntamos un modelo de reparto de los ingresos dividido en cuatro categorías, todas ellas relacionadas directamente con la edición de la publicación que queríamos lanzar: contenido, producción, logística y comisiones. Ahora un año después, podemos constatar cómo nos fue en la estimación, finalmente la realidad nos llevó a incluir una categoría más: las recompensas.

Balance_Miudo_Ano-1

En los dos casos el orden de las mismas atiende a la importancia en porcentaje respecto al total. Hemos quitado el capítulo de impuestos, no porque no los hayamos tenido que pagar, sino que el hecho de que el proyecto no tenga beneficios hace que el balance sea prácticamente cero en este aspecto, en concreto 0,50€ a favor de la Agencia Tributaria.

Al final, como a la mayoría de los proyectos que se financian mediante esta fórmula, el hecho de tener que entregar unas recompensas a los mecenas hace muy difícil la estimación de los costes necesarios para alcanzar el objetivo y sus gastos asociados. En nuestro caso, recaudamos el dinero necesario para costearlas, pero en lo relativo a su entrega incurrimos en más gastos logísticos de los previstos y nos llevó a gestionar la segunda partida más importante en volumen que en realidad nada tiene que ver con la edición de la propia revista. Eso sí, celebramos una fiesta inicial que mereció la pena para encontrarnos con algunos de los que hicieron posible el proyecto con sus aportaciones.

Respecto a la partida de contenido el porcentaje es un poco menor al estimado al principio, esto se debe a dos razones: una ya os la hemos contado en el editorial de primavera y es que Ramón D. Veiga no nos cobró por su texto y la segunda se debe a que de la parte de contenido destinada a la propia editorial, la Asociación Miúdo Contracultura, no se utiliza para realizar pagos a personas. Éste se emplea para costear los gastos relativos a servicios de alojamiento, dominios, correo electrónico, etc. Y también los gastos materiales asociados a la producción del vídeo de la campaña de lanzamiento.

Cuentas Miúdo Año 1

Sobre estas líneas puedes ver los ingresos obtenidos y los gastos incurridos con cifras exactas en euros. La realidad sobre la financiación del proyecto es que hemos tenido que vender más números y hacer algún pequeño proyecto para poder ingresar el dinero necesario para cumplir nuestros compromisos con los mecenas, ya que si dependiésemos sólo de los ingresos de la campaña ahora mismo tendríamos un balance negativo cercano a los 400 euros. A pesar de que también hemos entregado personalmente un buen porcentaje de los envíos de cada uno de los números de la revista, sin duda un importante ahorro en la partida correspondiente a la logística.

Siempre nos hemos planteado Miúdo como un proyecto paralelo y he de reconocer que somos unos privilegiados en poder destinar nuestro tiempo libre a editar esta pequeña publicación, ya que mucha gente de nuestro país dedica todo su tiempo a buscar trabajo. Al mismo tiempo que digo esto, creo que lo hacemos porque nos gusta y sí, es verdad que cobramos por enviar la revista a quienes la han comprado pero si hubiese que pagar todo ese trabajo, creedme que costaría mucho más de lo que actualmente vale.

En general, no valoramos el esfuerzo de la gente que comparte su tiempo con el resto de la sociedad, tanto en lo relativo a la creación cultural como en cualquier otro ámbito que haga algo en beneficio del colectivo. Hay muchos otros privilegiados que no invierten su tiempo libre en proyectos como éste. Por suerte, no somos los únicos y me gustaría desde aquí agradecer el retorno a la gente de Antonia Magazine, que tras dos años de barbecho, han vuelto a la acción.

Mabi Barbas publicaba recientemente “Un nuevo lanzamiento editorial y cierta esperanza” hablando sobre la nueva revista de La Vanguardia y yo le quería decir públicamente, que mis esperanzas en proyectos bien hechos, pasan por la independencia de quienes los hacen. No es fácil, pero no podemos esperar mucho de quiénes ya sabemos lo que nos ofrecen. Mi esperanza está en gente como Mabi y sus ideas.

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