Notas del editor

Es primavera. Sí, ya está aquí. Por aclarar, que a veces alguno y alguna se me despista, escribo estas líneas desde Madrid. Y puedo constatar que en la capital —este año— el tiempo hace honor a los refranes y podemos decir con normalidad eso que hemos oído mil veces a nuestra abuela de: “en abril aguas mil” y habrá que ver si también el de “hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”, por ahora, todo apunta a que sí. Además de las lluvias y las reticencias del sol por agradarnos las tardes, la primavera llega con la floración, que es sin duda el mayor ejercicio de renovación que podemos observar en la naturaleza. Nosotros también llegamos con aires renovados ya que en Miúdo, el número 3 es la tangibilización del paso del ecuador de nuestra pequeña publicación.

Parece que fue ayer cuando nos embarcamos en esta aventura a través de una campaña de financiación colectiva. Queda un mes para que se cumpla un año exacto desde que lanzamos el vídeo y os pedimos vuestra ayuda para hacer posible este sueño. Ahora que estamos editando el último número del año y ya tenemos casi todo pagado, os podemos decir que sí, que no hicimos bien las cuentas. Como casi siempre nos ocurre a los diseñadores, nos pasamos de optimistas. Aunque éste no es el asunto del que quería hablar en este editorial y más pronto que tarde escribiré sobre el tema, tal y como prometimos antes de iniciar la campaña, haciendo un ejercicio de transparencia (voluntaria) poco común en nuestros días.

Retomo la primavera para hablar sobre el contenido del número 3 de Miúdo. Este año, el trabajo —no éste, sino el que me paga el alquiler y las facturas— me llevó a pasar casi un mes del invierno a la ciudad colombiana de Medellín, también conocida como la ciudad de la eterna primavera. Desde allí maquetamos y editamos el número 3. Serendipia o la cuadratura del círculo. Así que en el último año he vivido más primavera que invierno, incluso antes de que ésta llegase a Madrid. Supongo que esta expansión de la primavera de algún modo se ha transmitido a la publicación, como en una especie de mímesis entre el medio y el clima.

Tengo que decir que —como en los anteriores números— los autores no han tenido acceso al contenido de la otra parte y otra vez ha vuelto a pasar. Ramón D. Veiga nos emociona hablando de Violeta y Lucía Fernández Muñiz le pone la foto y… ¡Pum! ¡Casualidad! El vestido de la modelo es del color del nombre de nuestra protagonista.

A pesar de que no nos están cuadrando bien las cuentas, editar Miúdo ha merecido la pena porque nos ha servido para conocer a personas maravillosas como Lucía. A la que hacía tiempo que le seguía la pista a través de Instagram y a la que desde el minuto uno de reunirnos el equipo para proponer contenidos, veía claramente llenando con una de sus alegres y coloristas fotos el número de primavera. Porque a mí Lucía me recuerda a la primavera, por el manejo de los colores pastel, el maquillaje intenso y la tranquilidad que transmiten con sus poses las modelos.

Y qué decir de Ramón, un buen amigo al que siempre me gustó leer en los tiempos del ya desaparecido blog “lanevera61”, qué mal nos han hecho las redes sociales en este sentido. Además, me gustaría agradecer públicamente a Ramón su colaboración desinteresada en este proyecto. Es más, en primera instancia rechazó colaborar. Luego se lo consultó a la almohada y tras leer un par de veces a Luis y a Donacio, se arrancó con la historia de Violeta y rechazó nuestro dinero, que en realidad es el vuestro.

Para ser justos en este agradecimiento, he de decir que tanto Juanjo Seixas como Luis Montero, se gastaron más dinero en la campaña de crowdfounding de lo que les hemos pagado por su colaboración. En cualquier caso: ¡muchas gracias, Ramón!, con tu acción acabas de hacer un poco más factible que lleguemos a cumplir con nuestros mecenas, sin poner dinero extra de nuestro bolsillo.

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