Notas del editor

El otoño es la estación que deja atrás el verano y nos prepara para el invierno. Es un tiempo para el reencuentro. Con nosotros y con nuestro entorno. El inicio escolar, los buenos propósitos, los coleccionables… Para mí, ahora será siempre el tiempo en el que publicamos el número 1 de Miúdo. Revista que en este primer año está dedicada al mar.

El mar es el lugar de donde venimos. Lo es desde el punto de vista evolutivo, pero también –en nuestro caso– desde el de la historia próxima. No hace tanto tiempo, en este mismo espacio se podían encontrar vinos y otros productos que llevaban los aires salados de Galicia, a cualquier punto de España. Ése es precisamente el motivo por el que decidimos que el mar llenase los números de nuestro primer año como editores. Un vínculo entre el pasado y el presente.

Pero no quiero perder la ocasión que me brinda el otoño para reflexionar y me gustaría hacerlo sobre nuestra manera de hacer, así que emulando a Luis Montero voy a plantear y en este caso, responder a la siguiente cuestión: ¿por qué mencionamos siempre la contracultura en Miúdo si no parecemos uno de esos movimientos underground y contestatarios? Pues lo hacemos porque nos gusta contrastar, observar y reflexionar sobre cómo se hacen las cosas, para luego plantearnos si debemos seguir haciendo lo mismo, o si por el contrario, es necesario aportar una alternativa a los modelos establecidos.

Esta manera de hacer, es la que nos ha llevado a editar la revista más pequeña del mundo. Tiene una sola página y su contenido es una fotografía a modo de portada y un artículo sobre experiencias de poco más de 500 palabras. Sin lugar a dudas, este proceder es algo “contracultural”. En estos días en los que los grandes medios buscan modelos de negocio alternativos para sobrevivir a los nuevos tiempos.

Tiempos en los que se ha devaluado el valor del contenido frente a la cantidad o la inmediatez. Dejando en un plano secundario aspectos como el mensaje, el estilo, la dedicación y sobre todo, a las personas que hacen posible su creación. Por la contra, nosotros creemos en lo esencial, lo breve, lo cuidado, lo reposado, lo atemporal, lo justo. Por ejemplo: en poder disfrutar varias veces en diversos momentos de una misma creación.

Esta manera de hacer diferente es la que nos ha llevado a publicar esta nota del editor, justo un mes después de la publicación del número al que acompaña. En este tiempo hemos podido leer unas cuantas veces el texto de Luis Montero, filósofo e investigador social madrileño y de poder encontrarnos cada día, con la fotografía del diseñador coruñés Juanjo Seixas.

En el texto, Montero, nos plantea una compleja reflexión en torno a una inocente pregunta, que su hija le hizo cuando era niña. La fotografía, parece sin buscarlo –ya que los autores no habían visto en el momento de su creación la otra cara de la revista– acompañar la reflexión de Luis, con una mirada adulta, cargada de tintes nostálgicos sobre el mar como telón de fondo. Quizás reflexionando sobre la misma pregunta, o quién sabe si lo hace sobre el imparable paso del tiempo.

Lo único que podemos constatar con certeza, es que otro verano queda atrás.

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